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¿La Forma del Agua se merecía el Oscar?

  • 14 mar 2018
  • 2 Min. de lectura

La forma del agua (The Shape of Water): desde luego, es una preciosa paradoja para señalar la imposibilidad de describir el contorno de lo impreciso por naturaleza como es el amor, como es el deseo...

Ya desde el título, el director Guillermo del Toro (premiado en los Globos de Oro 2018por esta película y nominado en 13 categorías en los premios Oscar) nos está atrapando en su metáfora visual: un precioso cuento de hadas en el que nos sumergimos desde el primer instante gracias a una paleta cromática siempre virada a los tonos verdeazulados y a una deliciosa banda sonora compuesta por Alexandre Desplat que lo acerca a un posible segundo Oscar. Él también se ha hecho con un Golden Globe por esta BSO, por cierto.

La forma del agua es una carta de amor al mundo del cine igual nos quedamos cortos: atrapa la idiosincrasia de un determinado momento historico. En ella, el director Guillermo del Toro sintetiza buena parte de las constantes obsesiones que impregnan su filmografía, consiguiendo además agregarle multitud de capas: hay una crítica devastadora al racismo, la homofobia y en general a la intolerancia hacia las personas que son diferentes por no hablar del revolcón que le da al "american way of life": familias aparentemente felices de cartón-piedra que esconden una profunda insatisfacción en su seno.

Estamos ante un relato en el que lo fantástico y lo romántico se combinan con un trasfondo completamente adulto. Hay en Eliza algo así como un deseo de emancipación de la realidad: una necesidad intrínseca de formar parte del mundo de fantasía que aguarda su ingreso y su presencia.

El reparto es impecable con una heroína frágil pero valiente, una trama centrada en la contrainteligencia rusa, un malvado que se erige cual criatura de Frankensteincomo el verdadero monstruo de la ficción y un variado elenco en el que no hay un eslabón débil: Doug Jones (Nunca digas su nombre), Michael Stuhlbarg (El caso Sloane), Richard Jenkins (Kong: La Isla Calavera) Michael Shannon (Animales nocturnos) y Octavia Spencer (Figuras ocultas).

La puesta en escena es la otra gran baza ganadora de una película que cuenta con pasajes que te elevan de la butaca, tal es el placer que provoca el visionado en lo que a ritmo y narrativa se refiere. La estudiadísima dirección artística hace que los decorados sean un personaje más en el relato: ese toque steampunk de los laboratorios contrasta con la visión casi publicitaria y tradicional de las familias estadounidenses pero también tenemos ese maravilloso estudio del compañero de piso de Elisa (trasunto sin duda del museo del propio del Toro) en el se dan cita bocetos, librosamontonados y piezas artísticas.

n todas las películas de Guillermo del Toro hay un gusto y un mimo por el detalle abrumador, pero lo cierto es que en La forma del agua se podría decir que hay algo más personal e íntimo del cineasta: cierta proyección en su personaje principal que hace de la película una verdadera delicia y de su León de Oro un galardón muy, pero que muy merecido. Ojo, que la película dialoga con otros personajes de sus obras (hay elementos que recuerdan a El laberinto del fauno, la criatura guarda un gran parecido con Abraham Sapien de Hellboy...).

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