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El Club de la Lucha

  • 1 dic 2017
  • 2 Min. de lectura

En este 1999 en el que se estrenó El Club de la Lucha tuvimos otro clásico como Matrix y ambas coinciden en esa observación de la sociedad como un ente que te aliena, te hace perder tu verdadera esencia y te convierte en un engranaje más del sistema. Con esa voluntad de rebelarse ante un mundo que te dice cómo vestir y qué beber y que te impide ver la verdadera naturaleza de las personas, Chuck Palahniukescribió en 1996 la polémica novela Fight Club. Tres años después, el genial director David Fincher parió esta película, en la que Brad Pitt y Edward Norton nos brindan unas de las actuaciones más memorables y divertidas de su carrera.

El capitalismo y, en consecuencia, el consumismo, ha acabado con nosotros y nos tiene absolutamente manipulados. En ese punto arranca el protagonista de El Club de la Lucha. Hasta este nuevo visionado de la película no había caído en que este personaje (con toda la intención del mundo) no tiene nombre. Es solo uno más, obsesionado por tener todos los muebles mostrados en Ikea. Solo le falta una compra o dos más para ser completamente feliz. El problema es que vive atrapado constantemente en esa fase de "estar a punto de ser feliz".

Sin embargo, algo ha cambiado en él: lleva varios días sin dormir y, por culpa de ello, es incapaz de distinguir lo que es vigilia y lo que es sueño. De nuevo, tenemos una metáfora potente: la dinámica presente le lleva a un estado en el que no parece sentir nada y se siente incapaz de discernir lo auténtico de lo accesorio. La única forma de sacar a relucir sus verdaderos sentimientos llega cuando se une a clubes de apoyo a enfermos de todo tipo. Allí, rodeado de gente con una enfermedad que a él no le afecta, es capaz de romper a llorar y volver a ponerse en contacto con su humanidad.

La gente no deja de preguntarme si conozco a Tyler Durden

En se momento entra Tyler Durden, el estrambótico personaje interpretado por Brad Pitt. Viste de forma extravagante, desafía a todo el mundo y tiene las ideas claras. Es la confianza personificada. Tyler representa todo lo que el protagonista no es. Hemos dicho que representa la confianza, pero sobre todo representa la rebeldía y el caos, generados en base a una reflexión sobre todo lo que no funciona en la sociedad. De ese modo surge el Club de la Lucha: el protagonista y él se dan de puñetazos no para ganar, no para demostrar nada, sino porque romperse el tabique nasal y no saber por dónde viene el siguiente directo es la única forma que les queda de sentirse vivos: no buscan la realización, sino la destrucción.

A partir de ahí, la historia va evolucionando y la lucha es solo la "base de operaciones" para algo más gordo. Aunque el Narrador no se da cuenta, la esencia sigue siendo la misma: hay que destruirlo todo, porque se nos ha llevado irremediablemente por el camino equivocado del adoctrinamiento y la mansedumbre.


 
 
 

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